Vivimos en un mundo poblado por muchos otros entes semejantes a nosotros. Vivimos en una sociedad diversa; con gente diferente, con culturas, religiones, sexos, conocimientos diferentes, etc.
La necesidad de mantener la individualidad dentro de una masa colectiva es cada vez más marcada a medida que crecemos y nos desarrollamos humanamente. Al mismo tiempo, esta es una tarea difícil ya que, como premisa, podemos entender que muchos aspectos de nuestras vidas están condicionados por la sociedad, por nuestro entorno y cultura.
El problema de esto, es la difícilmente evitable confusión de un individuo dentro del comportamiento colectivo o masa.
Si miramos la naturaleza de la persona podemos ver que existe una doble realidad. Por una parte, tenemos a la persona como individuo, y por la otra, tenemos a esta misma persona como ente inserto dentro de una sociedad.
¿Es entonces correcto decir que la persona actúa de la misma forma en estos dos escenarios? Para poder responder esto, podemos tomar como ejemplo distintos momentos de la historia de la humanidad y ver como se ha desarrollado hasta la actualidad, para después esta misma idea aplicarla al desarrollo de la conciencia individual.
En la edad media, la sociedad y en particular el pensamiento de los individuos estaba fuertemente determinado por normas divinas que eran reveladas a todos por medio de figuras de las instituciones religiosas; se dice entonces que sus vidas estaban regidas por reglas que ellos mismos no determinaban, sino que se las establecía Dios. Las reglas de vida (personal y social), que no son determinadas por los individuos mismos sino que tienen como fundamento de ellas alguna fuente ajena a la propia razón de las personas, se dice que son reglas heterónomas.
Esto cambió con la llegada de la Ilustración, descrita según Kant como la “liberación del ser humano de su culpable incapacidad para pensar por sí mismo” (1)* (o para servirse de su propia inteligencia sin la guía de otro). Esto quiere decir, que todas las verdades y reglas por las cuales se debiera regir la sociedad no son “reveladas”, sino que son descubiertas por la propia razón, atacando con esto, a los periodos históricos anteriores en que las instituciones religiosas gobernaban todos los aspectos de la vida de los individuos, estructurando la sociedad a su propia conveniencia. La manera en que los ilustrados (personas que desarrollaron las ideas del periodo de la ilustración) pueden diferenciarse del control social de las instituciones religiosas que antes gobernaban, fue tomar “distancia” del estado de conciencia en que se vivía, llegando la primacía de la razón a liberar a la sociedad. En este caso, en oposición al anterior, las reglas que rigen la convivencia social y el pensamiento de los individuos, son aquellas que ellos mismos, mediante el uso de su razón sean capaces de decidir. Aquí cada persona puede diseñar su vida individual y social de acuerdo a normas que “autónomamente” han escogido. Estas son normas de carácter autónomas.
Hubo entonces, en este ejemplo histórico, una evolución del mundo y de la conciencia personal de los individuos de la heteronomía a la autonomía.
Sin embargo, en la actualidad, la heteronomía no solo tiene como fundamento (como sucedía en el pasado) las normas divinas reveladas al pueblo, sino que tenemos, entre nosotros mismos, una fuente de heteronomía muchísimo más silenciosa aún; esta es la imitación.
En cuanto a la imitación, como fundamento de la heteronomía actual (con esto no quiero decir que la heteronomía que tiene como fuente a lo divino ha dejado de existir, al contrario, en muchos lugares sigue igual de vigente que en la edad media), cabe decir que es un fenómeno colectivo. Al decir que la imitación es un fenómeno colectivo, me refiero a actos tan comunes como aquellos que se realizan siendo una “copia inmediata” de aquello que el otro hace. Este factor de la imitación podríamos llamarlo de “empatía inmediata” con lo que el otro hace (aplaudir cuando todo el resto aplaude). Luego, hay otros actos que no solo son una copia inmediata, sino que además hacen que el individuo se “cuestione” lo mismo que el resto se cuestiona. Este factor de la imitación podríamos llamarlo “curiosidad inmediata” respecto de los temas que inquietan al resto (cuando alguien observa algo con curiosidad, inmediatamente uno hace propia la curiosidad del otro).
Volviendo al punto principal, la imitación colectiva es fuente de heteronomía. Así, si volvemos a lo que Kant (2)* entendía por “ilustración” (desde donde se evoluciona de la heteronomía a la autonomía en nuestro ejemplo histórico) decía que es la “liberación del ser humano de su culpable incapacidad para pensar por sí mismo”. La incapacidad para pensar por si mismo es culpable por dos motivos, dice Kant (3)*: “por pereza y cobardía”. Con “pereza” Kant se refiere a la comodidad de la tutela, y en el caso de la imitación, la pereza se traduce en la comodidad de adherirse a las creencias y pensamientos de la masa y quedar dentro de ella de un modo no identificable como individuo, en vez de decidir tomar distancia y ser capaz de formular críticas respecto de las convicciones de la misma masa a la que se adhirió. Luego, con “cobardía”, Kant se refiere al miedo a la exclusión, lo cual en la imitación se traduce en la intención de desear quedar oculto dentro de una masa de personas no individualizadas, puesto que de esta forma no se le excluirá ya que no tiene el deber de exponer el propio pensar (aceptando las consecuencias que esto le traiga), no tiene el deber de hacer “uso público de la razón” (4)*, en palabras de Kant.
Lo anterior se explica también en otro sentido: así como en la edad media existía una confusión entre lo revelado y lo correcto en donde se igualaban ambas, es decir, lo divino era lo correcto, también sucede esto en la imitación. Existe una confusión del actuar de la mayoría con lo que se considera correcto, lo cual es una decisión desinformada. Esta idea tiene fundamento en lo que comúnmente todos entendemos como “democracia”, es decir, se cree que lo correcto es aquello en lo que la mayoría está de acuerdo. Sin embargo, esto la mayoría de las veces no es así, ya que como cotidianamente hemos visto, muchas veces el actuar de las masas es desinformado, en extremo irracional, pudiendo llegar incluso a la imposición de ideas mediante la violencia (pues es mucho más fácil que argumentar informadamente). La pérdida de la conciencia individual y la pérdida de la racionalidad en la conducta, lleva a imitar la conducta agresiva de uno o unos pocos, actuando tal como lo hace la masa, guiada por la emoción; por el sentir y no pensar. La razón y la lógica tienen muy poco espacio aquí.
Entonces, ¿realmente actuamos como queremos (autonomía) o nuestras actitudes están continuamente determinadas (heteronomía)?
La evolución de la heteronomia a la autonomía aún continúa, sigue constantemente vigente, y lo vemos siempre en nuestras vidas, incluso, en nosotros mismos. Es necesario que el individuo se involucre en la determinación de las normas por las cuales se va a regir, y que sea capaz de llevar a cabo esta lucha individual para independizarse de la masa; dejar la imitación a un lado, y asumir los costos que esto traerá. Es necesario que la evolución de la conciencia individual se logre tomando distancia crítica de los contextos sociales, de las masas, del actuar de la mayoría, y utilizar autónomamente su propia razón.
Cuando unos pocos critican a la mayoría, lo que normalmente sucede es que son aislados y ridiculizados, sin embargo, no se debe temer a esto, pues los beneficios de la autonomía son impagables.
Sin embargo, siempre depende de la voluntad de cada individuo; si decide asumir los costos o no, si lleva el control de su vida con autonomía, o si vive su vida determinado por la heteronomía de la conducta del resto, siendo incapaz de auto-determinar su conciencia y a la larga, su propia vida.
"Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque prácticamente todo — las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso — se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir al corazón."
" LA HUMANIDAD NO PUEDE LIBERARSE DE LA VIOLENCIA MÁS QUE POR MEDIO DE LA NO VIOLENCIA "
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